HILDEGARDA DE BINGEN
Décima y última hija –nacida en 1098– de un matrimonio noble y próspero; niña de constitución débil y enfermiza, a los ocho años fue confiada para su educación a Jutta, hija del conde de Sponheim y reclusa desde 1112 en el monasterio de San Disibodo. En 1115 profesa con votos perpetuos y a la muerte de Jutta, en 1136, es elegida abadesa de una comunidad que cuenta con diez religiosas. Desde sus tres años de edad estuvo dotada del regalo de la visión divina, pero es recién en 1141 que recibe de Dios la orden de escribir cuanto ha visto y oído. (...)