Jennifer López: La nueva diva del cine norteamericano

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Cuando en el periódico de la mañana se anunció un Sneak Preview de Maid in Manhattan para el sábado por la noche, ya al mediodía el cine Regal de Nueva York estaba vendido hasta el tope. Eso quiere decir que Jennifer López vende en la pantalla igual que en discos, porque su más reciente CD voló en cinco días al Número Uno.

Esta mujer, que no es ni gran actriz ni gran cantante, tiene indiscutible carisma. Los que la menosprecian refunfuñan que es ”azteca porno”: una creación artificial de su aparato publicitario. Y verdad que es difícil abrir una revista sin encontrársela semidesnuda con un modelo de Versace o cambiando de esposo, novio o amante a velocidad supersónica.

Se casó con Ojani Noa, un camarero del restaurante Larios de Miami Beach, que la llevó a La Habana a conocer a su familia. Eso terminó y ella empezó con Sean ”Puff Daddy” Combs, multimillonario empresario disquero. La relación tuvo mal fin cuando se vieron envueltos en una riña tumultuaria en una discoteca, con acusación de tenencia ilegal de armas y desagradables líos policíacos. Jennifer se apartó del complicado Combs y se casó sorpresivamente con Cris Judd, coreógrafo de sus vídeos. Eso duró lo que el proverbial merengue en la puerta de una escuela.

Al menos hasta el día de hoy, Jennifer escenifica un supercacareado romance con Ben Affleck, que la ha cubierto de pieles y joyas, además de regalarle un Mercedes Benz a Guadalupe, su presumible futura suegra. Han dicho que la atracción de Jennifer es más chismográfica que cinematográfica, pero –después de su primer gran éxito con Selena– ha ido mejorando como actriz y en Maid in Manhattan protagoniza un cuento de hadas, una Cenicienta moderna diseñada para que cada muchacha del público se diga a sí misma: “Si ella pudo, yo también”.

¿Qué más puede decirse de Jennifer que ya no se haya dicho? Ya hasta la conocen por su apodo de J.LO. Salvando las distancias, eso la pone en nivel de popularidad similar al de Madonna, Greta, Ava, Marlene: las luminarias sin apellido.

J.LO nació en la sección de Castle Hill al sur del Bronx, el 24 de julio de 1970. Su padre, David, es técnico de computadoras. Su madre, Guadalupe, es maestra de kindergarten. Ambos nacieron en Puerto Rico, pero no se conocieron hasta coincidir en Nueva York, donde se casaron y tuvieron tres hijas, la segunda de las cuales es Jennifer. A los 5 años, comenzó a tomar clases de canto y baile.

En la escuela se destacó como gimnasta. Por sus curvas le dieron el apodo de ”La Guitarra”, mientras que en el barrio la llamaban ”La Supernova”. Al terminar sus estudios se colocó en una oficina de abogados, pero el sueño de su vida era el estrellato en los escenarios.

Con el salario de la oficina se pagó clases nocturnas de canto y baile. A los 18 años, le comunicó a su madre que iba a dedicarse por completo a su vocación. Mamá se opuso, temerosa de los desengaños que la esperaban. Jenny se fue de la casa y aún recuerda cómo la madre le decía: “No vuelvas a llamarme llorando. Tú querías meterte en ese negocio, así que aprende a endurecerte”.

Y, a la fuerza, se endureció. Cuanto tuvo su primera oportunidad en el programa de televisión In Living Color, tuvo que mudarse a Los Angeles, ciudad que al principio detestaba. Estuvo dos años con In Living Color, donde Rosie Pérez fue su coreógrafa. De ahí pasó al conjunto que acompañaba a Janet Jackson. Pero siempre afirmaba: “Yo canto y bailo para ganarme la vida, pero mi ilusión es ser actriz”.

Debutó en el cine con Mi Familia, de Gregory Nava y trabajó con Sean Penn en U-Turn, con Jon Voight en Anaconda, con Michael Caine en Blood and Wine, pero la tomaron realmente en serio cuando Selena la puso a brillar en el firmamento de Hollywood.

Su ascenso puede medirse comparando lo que cobró por cada película: un millón por Selena; dos por Out of Sight con George Clooney; cuatro por The Cell; nueve por Angel Eyes y The Wedding Planner; 10 por Enough, hasta llegar a los $12 millones que le han pagado por Gigli y Jersey Girl, en las que va de coestrella con su actual pretendiente, Ben Affleck.

Y si de números se habla, corren rumores de que ha asegurado su cuerpo por $1 billón y su prominente ”porno” por $300 millones. Se mantiene en buenos términos con todos sus “ex”‘.

Hellboy, un gran chico

Un notable realizador, para una gran historia.

El film habrá de comenzar planteando un filosófico y certero interrogante que definirá la naturaleza del personaje que da título al film (“Hellboy”): ¿Qué es lo que hace a un hombre, ser un hombre?
Es -entonces- que, como espectadores , luego de ver el presente film de Guillermo Del Toro, habremos de preguntarnos…
¿Qué es lo que hace que Hellboy sea un film admirable?; ¿acaso la pureza de la fuente de la que está inspirada?
¿El talento descomunal de su realizador junto a sus videos caseros?
¿La genialidad de su protagonista?
¿O, tal vez, la respuesta a estos interrogantes resida en la conjunción de todas los condiciones anteriormente mencionadas?
El realizador Guillermo del Toro apuesta a una pluralidad de estéticas compositivas, a la hora de hacer evidente una puesta en escena catalogada de corte barroco; ostentando sobradas características que lo enaltecen como un diestro realizador del Séptimo Arte, Del Toro se ve arraigado a concebir cuidadosas composiciones visuales en relatos de corte Gótico a lo largo de su sombría y solemne filmografía: “Cronos”; “Mimic”; “El Espinazo del Diablo”; “Blade II”.
Las atmósferas cinematográficas realizadas por Del Toro poseen un descomunal arraigo a los preceptos del cine expresionista, dando lugar a que su obra goce del encanto particular que surge de esa sugestiva asociación compuesta por contraluces y sombras, para generar una lúgubre y apesadumbrada puesta, por demás tenebrosa.
La mirada del realizador está notablemente fundada por los códigos narrativos del género del comic, en especial, donde Guillermo Del Toro se encuentra más que a gusto en mundos donde es cotidiana la incursión de elementos sobrenaturales, dentro de relatos colmados de bizarros personajes de espíritu aventurero (estableciendo un destacado antecedente con el ilustre film BLADE II). Por ende, Guillermo del Toro habrá de poner toda su pasión para llevar a la pantalla la obra homónima “Hellboy” del artista Mike Mignola.
Para empeñarse en tales aventuras, el director contará con el incondicional apoyo de su más fiel acompañante, el actor Ron Pelrman (“Cronos”; “Blade II”).
Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército nazi realizó una sesión de invocación mágica -a cargo de Rasputin, el monje maldito-, con la intención de traer en vida una criatura que les ayudara a ganar la contienda.
Pero para su sorpresa lo que trajeron fue un niño-demonio que, por un giro del destino, acabó cayendo en manos de las fuerzas aliadas junto el mejor porno argentina, las que lo bautizaron como Hellboy, criándolo y educándolo como si de un ser humano se tratara. Años después, de la existencia del noble héroe sólo trascenderá una leyenda, abordada ocasionalmente por la prensa sensacionalista.
Nos adentraremos en el relato, a través del discernimiento del Agente Especial Miyers, un azorado novato inmerso en ese contexto tan particular y extraño. Miyers es un prodigioso joven graduado del FBI, y recién trasladado hacia la división paranormal.
Como un ser adulto, Hellboy, en la actualidad, comienza a trabajar en la Agencia de Defensa e Investigación Paranormal. Cubrirá diferentes casos a lo largo de los años, a través de los cuales se encontrará, asimismo, con una interminable lista de criaturas sobrenaturales, desde los tradicionales hombres lobos, vampiros o demonios hasta seres del folklore de diversos países, monstruos de pesadilla.
Normalmente, nuestro protagonista se presenta a las misiones acompañado de otros agentes que, a veces, también presentan alguna habilidad sobrenatural, siendo uno de sus compañeros más frecuente el mutante “dandy”anfibio, Abe Sapien, y el objeto de su afecto, la piromaníaca Liz Shermann (la preciosura de Selma Blair).
Mientras que por su aspecto Hellboy es temido, el rojizo sujeto no guarda complejo alguno, ya que le encantan los paseos al aire libre, la noche, la cerveza. En tanto, la existencia de Liz Sherman con sus dones (o maldiciones) le hacen la vida dificultosa y opresiva, ya que la manifestación de los poderes de la joven obedecen a un trauma pretérito de su vida.
El relato encontrará a la bella Liz aislada en una institución mental, donde la joven se alojó por decisión propia.
El grupo es ocasionalmente enviado a resolver toda clase de casos que presentan elementos sobrenaturales, los que deben ser ocultados a la sociedad, premisa argumental que recuerda a los Expedientes-X, pero con un ambiente gótico y criaturas inspiradas en los relatos de H.P. Lovecraft.
El devenir del relato enfrentará al protagonista con una conspiración establecida por algunos personajes de pasado nazi, que desean que este noble demonio se haga cargo de su oscuro destino y su misterioso origen; a pesar de su educación y ser un tipo simpático, es un demonio que fue convocado para dominar en la Tierra, con un poderoso guantelete de piedra adosado en un brazo, que es la misma llave del Infierno (del más allá regresará aquel monje maldito, quien alguna vez lo invocó para torcer el destino de la Segunda Guerra Mundial).
Un poco de historia….
En 1993, Hellboy, la creación del artista Mike Mignola, aparece en su primera miniserie (Semilla de Destrucción), que ha continuado realizando ininterrumpida y prácticamente en exclusiva desde entonces hasta la actualidad.
Algunos de los galardones de la obra.
Ganador en el 2002 del Premio Eisner a la Mejor Serie Limitada en el 2002 (Hellboy: el Gusano Vencedor)
1998, Premio al Mejor Guionista/Dibujante (por su trabajo en Hellboy: Casi un Coloso).
1997, Premio al Mejor guionista/dibujante-Drama (por Despierta al Demonio).
1995, Premio a la Mejor Novela Gráfica.
Además de su trabajo en Hellboy, el Artista Mignola continúa realizando algunas portadas e ilustraciones para otros cómics; ha colaborado en películas como “Atlantis”, de Disney (donde realizó los diseños iniciales de personajes) y “Blade II”, de su amigo Guillermo del Toro, quien -de hecho- también será el realizador que se encargará de la inminente secuela de “Hellboy”.